Atardecer y despedidas.


Desde que empezó a atardecer todo me sabe a despedida. Miradas y sonrisas forzadas, abrazos que en otro momento no darías, recuerdos de un día anterior en el que reías y disfrutabas, a una mayor distancia del interludio.
No todo el mundo se toma una pequeña despedida, un paréntesis en una supuesta larga historia, de la misma forma. Quizás por suerte, quizás por desgracia. Los hay positivos, los hay depresivos, los hay negativos, los hay que se alegran de despedirse…yo soy del bando más catastrófica y tremendista, y no puedo evitar pensar, que pase lo que pase, el tiempo será lento, infinito y difícil de llevar…
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Silencio.

Llevaba toda la mañana y parte de la tarde  pensando, pero no se lo dijo a nadie. Quizás ni si quiera lo notaron, pues ser reservada y seria no era algo nuevo en ella. Su frialdad y su falta de atención, el no poder comunicar sus sentimientos no era nada nuevo en ella.
A veces se lo recriminaba.

Tal vez si se mostrara un poco más de ella sería un poco más interesante, mas magnética con la gente. Pero se dio cuenta que nunca le había interesado ser el centro de atención de nadie. Aunque sus complejos cada día iban creciendo y a pasar de que le gustaba su soledad y su forma de ser. Ella deseaba un poco más de atención. Saber que a alguien le importaba aunque fuese solo un poco.

Pero aquel preciso día, y desde que había despertado había duda, de todo y de nada. De que era lo que hacía del motivo por el cual estaba ahí. Se hacía muchas preguntas. ¿Qué hacía ahí? ¿Por qué le había tocado esa vida? ¿Qué tal que desapareciera? ¿La buscarían? ¿Las personas que la rodeaban estarían mejor?

“Nada”, se dijo. “Nadie me echaría de menos, nadie se daría cuenta, y los que lo hicieran se recuperarían pronto. No soy nadie, soy un mueble más en la habitación.
Casi siempre evitaba tener ese tipo de pensamientos. Porque siempre acaba bajo las sabanas en la oscuridad de su habitación llorando y pensando en que ella era la única que alejaba a los demás, a las personas que la quería. Ella misma se alejaba de ellos, y lo justificaba diciéndose a sí misma que “A si no podría dañar a nadie ni ser dañada.”

“Ellos te quieren, saben que estas aquí y si no te ayudan es porque aún no saben cómo hacerlo, pero sin embargo saben que tu existes.”

Se dijo así misma frente al espejo, tratando se hacerse a la idea de que alguien ahí en la sala la quería y sabía que estaba ahí, que existía y que si desapareciera la buscaría hasta el fin del mundo. Sabía que alguien ahí sería capaz de escucharla y entenderla.

Aunque ella misma decidió que no le diría a nadie sus sentimientos. Y a pesar de que siempre peleaba con ella misma en el fondo sabía que seguía siendo mejor ser invisible ante los ojos de los demás. Después de todo si habría su corazón, sabrían como dañarla.

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